Jueves 20 de Mayo del 2004. Esa fecha está y estará presente en la mente de todos los valencianistas y de muchos que no lo son, pero que les gusta el fútbol. La noche del 24 de mayo el Valencia C.F. se enfrentaba al Olympique de Marsella y rubricaría una de las noches inolvidable para el valencianismo. El Valencia se alzaba con la Copa de la UEFA después de haberlo hecho con la de la liga. Un 2-0 frente al Olympique de Barthez y de Drogba entre otros. El primero terminaría siendo expulsado. Un partido donde el Valencia sabía perfectamente como debía de jugar si quería ganar. Y eso hizo.

El Valencia de Benítez si de algo podía presumir era de perfección táctica y organización. Benítez era y sigue siendo un amante del orden mecánico, y esa noche no iba a dejar de serlo. Corría el minuto 47 y Curro Torres enviaba un balón cruzado que se tragaría Meite dejando a Mista delante del portero para quebrarle la cintura y no dejar otra opción a Barthez que derribarlo. Codina o Míster Proper como se le apodaba al árbitro del momento, no lo dudaría y pitaría penalti. Vicente no perdonó e hizo subir el primero al marcador.
A partir de aquí las cosas se pusieron de maravilla para el Valencia. El entrenador francés hizo un gran favor al Valencia quitando a Meriem (quizás la mejor pieza de ellos) después de la expulsión del portero Barthez. Tan solo 10 minutos más tarde Rubén Baraja que campaba a sus anchas, envío un balón en profundidad a Vicente, que tras levantar la cabeza y ver a Mista, envío un balón a 40 metros que éste recogió a la perfección y fusiló al meta recién incorporado Gavanon. A partir de aquí, el Valencia hizo lo que tenía que hacer. No era otra cosa más que dormir el partido y dejar que los minutos avanzasen. Albelda fue pieza clave para esta fase del partido.
Y Codina hizo sonar el silbato y con ese pitido final despertarnos de aquella pesadilla de las dos finales de champions y cumplir el sueño de ganar otra final europea. Un sueño de todos aquellos que amamos este deporte y en este caso, de los que llevamos muy dentro a este Valencia. Momentos para celebrar. Momentos para llorar, pero de alegría. Momentos únicos e inolvidables que hacen que todo esto tenga sentido.
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